miércoles, 27 de junio de 2012

Realidad Alterna


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Estaban a punto de tener consciencia nuevamente de su pequeñez y de formar parte de un ser mucho mayor.  Estaban a un solo paso de poder entender eso de ser cómo “células madres” o “glóbulos blancos” o, en el peor de los casos, “células cancerígenas”.  Faltaba poco para entender todo ese misterio.  Así estuvieron cuando vino un diluvio inevitable que arrasó todo.
Aquel conocimiento, aquella conciencia se perdió, se esfumó nuevamente en el tiempo.
En otro plano: el cuerpo de un ser estaba acostado en una camilla, el sanador únicamente dijo en su lenguaje:
- Fue imposible, la infección estaba en todo el organismo y lo estaba matando.  Lo siento mucho.- Y dio un abrazo a los familiares que estaban cerca del cuerpo muerto.

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lunes, 11 de junio de 2012

Pa(pá)yaso

Los días que estaba aburrido mi padre siempre, o casi siempre, se vestía de payaso. A mí no me gustaba, me entristecía, porque sabía que sucedía después.

miércoles, 23 de mayo de 2012

La Gota

            Estoy  encadenado de los brazos y piernas, me sostienen de forma horizontal como si estuviera acostado, no tengo sensación del suelo, ni del techo ni de las paredes, todo el cuarto, está en completa oscuridad, no puedo observar ni siquiera mi cuerpo, pareciera que estoy flotando en un abismo, no veo nada, todo está en completa oscuridad.
            No sé cuánto tiempo tengo de estar aquí, me siento desorientado, creo que es de día y tendré unos dos o tres días, pero realmente no lo sé, lo único que siento es la presión de las cadenas en mis muñecas y en mis tobillos, pero ahora no es tan fuerte como antes parece que me estoy acostumbrando a ello.  También siento una gota de agua caer directamente en mi pecho, en el centro, en el esternón, es agradable, refresca la sed que me está provocando el calor de este cuarto.
            Me  he estado desmayado algunas veces.  La última vez que desperté me encontré con una gota, al principio cuando esta caía salpicaba unas gotas pequeñas que capturaba con mis labios, eran las únicas que tenía para calmar la sed que me provocaba el calor de este abismo o cuarto.  También adormilaban un poco el hambre que tenía.  Ahora, en estos instantes, la gota es desesperante, golpea mi pecho y cuando lo hace es horrible.  Es angustiante tener algo que te gusta, que agrada pero que a la vez te desespera porque te desgarra, poco a poco.
A veces pienso o hablo, no lo sé.
            Acabo de despertar.  No sé como he podido dormir con este malestar incesante, me está doliendo y arde terriblemente, es como si me quemarán un poco y después me acariciarán con fuerza, con saña, esa quemadura.  Sé que me quieren matar.  ¡Hijos de puta, sé que me quieren matar! ¡Mierdas!... pero... no lo sé, tal vez esperan que confiese algo, pero ¿Qué?... No lo sé..., al principio la gota adormeció la región pero cuando empezó a perforar mi piel, ese lugar comenzó a arderme, a quemarme, a torturarme incesantemente. ¡¿Qué quieren hijos de puta?! ¡¿Qué quieren mierdas?! ¡¿Qué quieren?!
            Es extraño, no sé cuánto tiempo llevo despierto y pensando o hablando, es difícil distinguir entre este lugar y los sueños.  La gota ya no cae más, ha dejado de caer, tal vez por eso creo que estoy soñando, ya no siento la gota, pero me ha perforado un poco el pecho, llego tal vez hasta el hueso pero no llego más allá, eso creo, con la oscuridad que hay no veo como tengo el pecho.   Algo viene, por favor que no sea la gota de nuevo, que no sea eso.  Algo calló en mi estomago, no sé, no sé, ¡Es una rata, la siento caminar!  No la veo, solo la siento, siento sus uñas en mí, su cuerpo es inmenso.  Puedo imaginármela hambrienta, buscando alimento con sus ojos.  ¡No, No, ha olfateado mi herida, camina hacia ella, la siento caminar! ¡No, por favor, hablaré! ¡Sí, Hablaré...!
            No se qué pasó, solo siento como la rata roe mi pecho, como si fuera de otra persona pero es mi cuerpo. ¡Mierda me voy a morir! ¡ja, ja, ja! ¡Me voy morir, Ja, ja, ja!...


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domingo, 13 de mayo de 2012

La Segunda Vez

      Esta segunda vez fue diferente: nadie creyó que él era el elegido.  Fue abandonado en un hogar de enfermos mentales, antiguo Federico Mora, y fue utilizado como conejillo de indias por médicos Extranjeros.

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sábado, 11 de febrero de 2012

Buenas Noches


            El reloj marcaba las seis y media en punto, era la hora exacta en que el sol comenzaba a ponerse detrás de las montañas.  Poco a poco el día llegaba a su final y la noche principiaba a cubrir por completo todas las regiones de aquel lugar.  Todas las personas que habitaban a los alrededores se preparaban para recibir lo ya esperado.
            Ramón, como todos, ya se encontraba listo para los sucesos de esa noche larga, pero debía de enfrentarlo de manera diferente.  La mayoría de los habitantes compraban a diario series de candelas para mantenerse alumbrados y poder continuar con una vida común y corriente, como si la noche no trajera nada más que oscuridad y silencio.  Él, en cambio, desechaba cualquier objeto que iluminara su casa o cualquier lugar cercano, deseaba ver nada, deseaba sentir lo menos posible en esos momentos.
            Lo único que hacía era sentarse agarrándose las piernas con los brazos para tomar una posición fetal, una forma práctica para sentirse protegido de los sucesos que se avecindaban.  Sus brazos apretaban con suficiente fuerza sus extremidades hasta que sentía dolor en el área lumbar, en el cuello y los omoplatos.
            El reloj nunca dejaba de mover sus agujas, era un movimiento perpetuo.  Muchas veces, de una manera ingenua, intentó parar lo inevitable: Una vez retrasó las agujas cada hora, otra vez tiró todos los relojes que tenía en su casa, pero nunca logró que la noche no llegará.
            En cada hora la noche se asomaba, tomaba aquella ciudad que carecía de iluminación.  En cada segundo la oscuridad reinaba en todos los lugares.  En la casa de Ramón solamente se colaban por las ventanas los rayos de luz de la luna.
            Sus ojos grandes observaban las manecillas del instrumento que más aborrecía, el tiempo se acercaba, el sudor de su cuerpo brotaba incontrolablemente: salían pequeñas gotas que hacían un camino alrededor de todo su rostro, su pecho y espalda transpiraban enormemente.  Ramón no podía controlar estas respuestas fisiológicas y lo único que podía hacer en ese momento era agarrarse fuertemente de las piernas, cerrar los ojos profundamente y soportar el terror.
            En ese minuto observó lo que tanto temía: Una sombra que se movía alrededor de su casa.  La lograba divisar y después la perdía, eso lo ponía nervioso, sentía que el miedo se hacía más grande y más fuerte.  Difícilmente podría salir bien esta vez.
            Un sobresalto lo invadió cuando la sombra ingresó a su hogar.  La sombra se escabullía entre los muebles.  No podía hacer nada más, solo esperar, pero era eterna.  Le daba terror pensar que la sombra ya se encontrara con él, en el lugar más seguro que existía durante la noche.
            Intentaba no moverse y que su respiración no lo delatará pero no lo logró, no pudo hacerlo.  Cuando el reloj señaló con un sonido estridente las doce en punto sintió en su cuello y oreja una suave respiración que lo inmovilizó.




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