martes, 2 de junio de 2009

Cuando Hace Falta lo Esencial

Todas las mañanas cuando el sol pegaba sobre su cara, él abría los ojos, sonreía con una mueca triste, era irremediable todo aquel peso que le acongojaba.

Se levantaba y cuando llegaba al baño miraba al enorme espejo pegado en la pared y siempre volvía a sonreír con la mismo gesto deprimente, después sus ojos se pegaban siempre a la cajetilla de cigarros sobre el lavamanos, pero solo eso podía hacer, “mirarla”, después salía al balcón para ver el paisaje nublado que lo acompañaba, se recostaba y soltaba un suspiro acompañado por el mismo gesto amargado, hacía mucho tiempo que deseaba suicidarse de cualquier forma, artística o no, él deseaba dispararse o utilizar aquellas hojas de afeitar Gillette o simplemente colocar su rostro en un plástico, pero no podía por que su cuerpo carecía de todo lo necesario para hacerlo.

Sana Alimetnación

Me sonreía mientras que con un cuchillo se iba cortando la panza. Después mire como tomaba su intestino hasta llegar a una parte inflamada y sanguinolenta de color morado, se cortó un pedazo y se lo llevó a la boca. Mientras masticaba con gran entusiasmo y hambre me ofreció un poco. Claro, lo rechace, no podía comer al mismo tiempo que le cosía.

jueves, 19 de marzo de 2009

Cuando se Firma la Paz


Ya desesperado de todas las armas que utilizaba para aniquilarlas como tóxicos, trampas, instrumentos, etc., decidí hacer la paz con ellas, algo inimaginable pero real, por que sucedió.

Así que me senté sobre la banqueta y empecé a dialogar con ellas, en una horizontalidad que no podía creer, todo era fantástico. Coloqué mi brazo sobre algo que podría ser el hombro con quien hablaba pero no lo era, mientras ella con su pata colocada sobre mi hombro, me habló del dolor de su pueblo y la alegría que sentía al verme realizar las paces con ellas sin prejuicio alguno.

Desde ese día vivo en una tranquilidad sin comparación alguna con las cucarachas que residen en el apartamento No. 43 del callejón El Coyolar de Antigua Guatemala.

Cuentos para Dormir

Antes de apagar la luz, miró a su hija y le preguntó:
— ¿Quieres que te cuente una historia?—

Esperó una respuesta con la mano colocada en el interruptor pero la niña con sus ojos grandes le respondió que sí, no hubo necesidad de hablar, solamente tuvieron que conectarse con las miradas.

Apagó la luz y se recostó junto a la pequeña para empezar a narrar la historia, tragó un poco de saliva tratando de modular su voz con la intensión de adormecerla.

— En una noche muy oscura una niña pequeña, realmente pequeña, deseaba dormir pero no lo lograba, daba vueltas en su cama, contaba ovejas, jugaba con sus manos, hablaba con hadas y duendes pero el sueño no se acercaba… parecía que la noche era eterna. — La hija se acomodo sobre los brazos y bostezó grandemente, la madre solamente le sonrió y le dio un beso en la frente y continúo — Hasta que tuvo una pequeña ocurrencia: crear estrellas en el techo de su cuarto, en las paredes, en los espejos y empezarlas a contar una por una. Así lo hizo, empezó con una pero no lograba mantenerla mucho tiempo encendida en su mano y cuando la soltaba, esta se consumían poco a poco desapareciendo al momento de llegar al techo o a la pared o la los espejos. Intentó una y otra vez, pero era imposible. —

— Estaba desesperada de no lograr dormir y de no poder mantener la luz de las estrellas el tiempo suficiente, entonces se dispuso a subir por la pared para pegarlas ella misma. Iba colocando una por una, pero al mismo momento de pegar una encendida la otra se apagaba, no podía creerlo, estaba enfurecida. Se sentó en una pequeña rajadura de pared para pensar en como solucionar el problema y en el mismo lugar en donde estaba sentada, en la pequeña rajadura miró una pequeña luz. La niña era curiosa, muy curiosa, y entró en ella sin miedo pero con grandes ansias de satisfacer su inquietud. Caminó por dentro durante mucho tiempo, un tiempo tan distinto al del día, a medida que avanzaba algo al fondo alumbraba más hasta que llegó a una luz tan brillante y tan grande que era imposible de imaginar, el corazón de la pequeña latió con mucha fuerza y sin darse cuenta estaba sentada frente a un universo lleno de estrellas, galaxias, planetas, lugares brillantes tan infinitos. — Se detuvo un momento la progenitora para ver los ojos de la niña, estos se encontraban entre abiertos, sabía que el sueño ya la había tocado, pero ella deseo extenderse más. — Empezó a contar cada lugar con luz que encontraba en ese universo de miniaturas y cada vez que lo hacía los ojos se le iban cerrando hasta que llegó un momento en que se quedó dormida por fin. —

La mamá se levantó y empezó a caminar alejándose de la cama donde dormía la chica, le sonrió a la pequeña por que sintió una alegría enorme al verle rostro y se fue del dormitorio.

La hija de la mujer abrió los ojos inmediatamente al escuchar el ruido de la puerta al cerrarse y sonrió mirando como se alejaba la sombra de su mamá, se quitó las chamarras velozmente y se puso a buscar una rajadura en la pared, cuando la divisó empezó a escalarla hasta llegar a ella.

sábado, 7 de febrero de 2009

Sociedad Común

I

Poc, poc, poc.

Se escuchaba el sonido de las botas de aquel personaje tan común. Entró a su oficina, una extensión de toda su persona. Era oscura, impenetrable, rígida, no cabían en ella ningún tipo de sentimiento o emoción a pesar que pregonaba en sus discursos el amor a todos.
Se sentó, dejó caer un escupitajo al suelo que cubrió con la suela de sus botas. Tomó la bella pluma adornada por una orilla de oro y se dispuso a firmar los nuevos reglamentos que él estipulaba:

— Real decreto número 23-2030: Por medio de este declaro la liberación de todos los detenidos si estos voluntariamente pasan por el área de educación civil…—

Estaba harto de mantener a tantos hijos de puta y lo único que hacían era comerse el dinero del pueblo, Suspiró fuertemente y en ese preciso momento entró un guardia:

—Este es el primer prisionero que voluntariamente decide recibir la “Educación Civil”—dijo el soldadito a pesar que en ese momento se estaba firmando el decreto.

—Bueno muchachos, utilicen sus habilidades especiales y empiecen por los oídos, después por las manos y de último déjenme los ojos—con una sonrisa y restregándose las manos— esas son las partes que me gusta desprender.

II

Se sentía un Héroe, había logrado que todos fueran creyentes, todos se arrodillaban ante él sin excepción alguna. Si sucedía cualquier diferencia, el Gobierno Central del Mundo se hacía cargo de borrar de la faz de la tierra a la ciudad entera en donde vivía el revolucionario, por que preocuparse de un solo sujeto, era mejor así, el blanco era seguro.
III

— ¿Qué armamento utilizamos para esta guerra mi señor?—

—La más letal, la que cause el mayor daño a todos en ese lugar, así dejan de hacer preguntas los demás. Usa la bomba GR4. —

—Pero…, esa está prohibida por el Gobierno Central del Mundo. —

—Cállate y dispara que yo soy el puto Gobierno Central del Mundo. —
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