Los días que estaba aburrido mi padre siempre, o casi siempre, se vestía de payaso. A mí no me gustaba, me entristecía, porque sabía que sucedía después.
lunes, 11 de junio de 2012
miércoles, 23 de mayo de 2012
La Gota
Estoy encadenado de los brazos y piernas, me
sostienen de forma horizontal como si estuviera acostado, no tengo sensación
del suelo, ni del techo ni de las paredes, todo el cuarto, está en completa
oscuridad, no puedo observar ni siquiera mi cuerpo, pareciera que estoy flotando
en un abismo, no veo nada, todo está en completa oscuridad.
No sé cuánto tiempo tengo de estar
aquí, me siento desorientado, creo que es de día y tendré unos dos o tres días,
pero realmente no lo sé, lo único que siento es la presión de las cadenas en
mis muñecas y en mis tobillos, pero ahora no es tan fuerte como antes parece
que me estoy acostumbrando a ello. También
siento una gota de agua caer directamente en mi pecho, en el centro, en el
esternón, es agradable, refresca la sed que me está provocando el calor de este
cuarto.
Me
he estado desmayado algunas veces. La última vez que desperté me encontré con una
gota, al principio cuando esta caía salpicaba unas gotas pequeñas que capturaba
con mis labios, eran las únicas que tenía para calmar la sed que me provocaba el
calor de este abismo o cuarto. También
adormilaban un poco el hambre que tenía.
Ahora, en estos instantes, la gota es desesperante, golpea mi pecho y
cuando lo hace es horrible. Es
angustiante tener algo que te gusta, que agrada pero que a la vez te desespera
porque te desgarra, poco a poco.
A veces pienso o hablo, no lo sé.
Acabo de despertar. No sé como he podido dormir con este malestar
incesante, me está doliendo y arde terriblemente, es como si me quemarán un
poco y después me acariciarán con fuerza, con saña, esa quemadura. Sé que me quieren matar. ¡Hijos de puta, sé que me quieren matar! ¡Mierdas!...
pero... no lo sé, tal vez esperan que confiese algo, pero ¿Qué?... No lo sé...,
al principio la gota adormeció la región pero cuando empezó a perforar mi piel,
ese lugar comenzó a arderme, a quemarme, a torturarme incesantemente. ¡¿Qué
quieren hijos de puta?! ¡¿Qué quieren mierdas?! ¡¿Qué quieren?!
Es extraño, no sé cuánto tiempo
llevo despierto y pensando o hablando, es difícil distinguir entre este lugar y
los sueños. La gota ya no cae más, ha
dejado de caer, tal vez por eso creo que estoy soñando, ya no siento la gota,
pero me ha perforado un poco el pecho, llego tal vez hasta el hueso pero no
llego más allá, eso creo, con la oscuridad que hay no veo como tengo el pecho. Algo viene, por favor que no sea la gota de
nuevo, que no sea eso. Algo calló en mi
estomago, no sé, no sé, ¡Es una rata, la siento caminar! No la veo, solo la siento, siento sus uñas en mí,
su cuerpo es inmenso. Puedo imaginármela
hambrienta, buscando alimento con sus ojos.
¡No, No, ha olfateado mi herida, camina hacia ella, la siento caminar! ¡No,
por favor, hablaré! ¡Sí, Hablaré...!
No se qué pasó, solo siento como la
rata roe mi pecho, como si fuera de otra persona pero es mi cuerpo. ¡Mierda me voy
a morir! ¡ja, ja, ja! ¡Me voy morir, Ja, ja, ja!...
imagen: http://sp0.fotolog.com/photo/48/0/116/sergio1936/1213092274543_f.jpg
domingo, 13 de mayo de 2012
sábado, 11 de febrero de 2012
Buenas Noches
El reloj marcaba las seis y media en
punto, era la hora exacta en que el sol comenzaba a ponerse detrás de las montañas.
Poco a poco el día llegaba a su final y
la noche principiaba a cubrir por completo todas las regiones de aquel
lugar. Todas las personas que habitaban
a los alrededores se preparaban para recibir lo ya esperado.
Ramón, como todos, ya se encontraba
listo para los sucesos de esa noche larga, pero debía de enfrentarlo de manera
diferente. La mayoría de los habitantes
compraban a diario series de candelas para mantenerse alumbrados y poder
continuar con una vida común y corriente, como si la noche no trajera nada más
que oscuridad y silencio. Él, en cambio,
desechaba cualquier objeto que iluminara su casa o cualquier lugar cercano, deseaba
ver nada, deseaba sentir lo menos posible en esos momentos.
Lo único que hacía era sentarse agarrándose
las piernas con los brazos para tomar una posición fetal, una forma práctica para
sentirse protegido de los sucesos que se avecindaban. Sus brazos apretaban con suficiente fuerza
sus extremidades hasta que sentía dolor en el área lumbar, en el cuello y los
omoplatos.
El reloj nunca dejaba de mover sus
agujas, era un movimiento perpetuo. Muchas
veces, de una manera ingenua, intentó parar lo inevitable: Una vez retrasó las
agujas cada hora, otra vez tiró todos los relojes que tenía en su casa, pero
nunca logró que la noche no llegará.
En cada hora la noche se asomaba,
tomaba aquella ciudad que carecía de iluminación. En cada segundo la oscuridad reinaba en todos
los lugares. En la casa de Ramón
solamente se colaban por las ventanas los rayos de luz de la luna.
Sus ojos grandes observaban las manecillas
del instrumento que más aborrecía, el tiempo se acercaba, el sudor de su cuerpo
brotaba incontrolablemente: salían pequeñas gotas que hacían un camino
alrededor de todo su rostro, su pecho y espalda transpiraban enormemente. Ramón no podía controlar estas respuestas
fisiológicas y lo único que podía hacer en ese momento era agarrarse fuertemente
de las piernas, cerrar los ojos profundamente y soportar el terror.
En ese minuto observó lo que tanto
temía: Una sombra que se movía alrededor de su casa. La lograba divisar y después la perdía, eso lo
ponía nervioso, sentía que el miedo se hacía más grande y más fuerte. Difícilmente podría salir bien esta vez.
Un sobresalto lo invadió cuando la
sombra ingresó a su hogar. La sombra se escabullía
entre los muebles. No podía hacer nada
más, solo esperar, pero era eterna. Le
daba terror pensar que la sombra ya se encontrara con él, en el lugar más
seguro que existía durante la noche.
Intentaba no moverse y que su
respiración no lo delatará pero no lo logró, no pudo hacerlo. Cuando el reloj señaló con un sonido
estridente las doce en punto sintió en su cuello y oreja una suave respiración que
lo inmovilizó.
imagen: http://media.photobucket.com/image/posicion%20fetal%20oscuridad/matias808/angustia.jpg
imagen: http://media.photobucket.com/image/posicion%20fetal%20oscuridad/matias808/angustia.jpg
viernes, 10 de febrero de 2012
La Niña del Grupo
Levantó su brazo derecho y agitó
suavemente su mano para indicarle al autobús la parada. Cuando este se detuvo ella subió rápidamente
porque de lo contrario el conductor emprendería la marcha sin importarle que
ella estuviera dentro.
Siempre desde pequeña había odiado
cualquier tipo de conglomeración de personas tanto dentro de los buses como
fuera de estos, esto había logrado que acomodara
su horario intentando no encontrarse en esas situaciones. A pesar de ello, la mayoría de veces no
encontraba lugar y debía de llegar a casa parada, sosteniéndose del tubo
colocado en el techo del bus.
Esta vez, cuando entró vio con sorpresa
dos lugares vacíos, era extraño, siempre estaban completos pero en esta ocasión
parecía como si estos estuvieran reservados especialmente para ella. Parecía ser un día especial, aunque no sabía
porque, sentía que lo era. Decidió
sentarse en el lugar que daba al corredor, nunca en su vida había ocupado los
lugares cercanos a la ventana, era una prohibición que venía de generación en
generación, aunque hoy sentía cierta curiosidad por hacerlo, no había alguien para
detenerla. La idea en su cabeza le provocó
un miedo terrible, entonces desistió de ella rápidamente, sintió como si sus
antepasados la probaban.
Todo trascurría de forma monótona, simple,
como cualquier otro día. Los pasajeros
estaban callados, enfrascados en sus pensamientos, ausentes del presente y de
los demás. Hasta que, de una forma
insólita para romper todo lo lineal del transcurso, el bus se detuvo con el fin
de recoger a un nuevo pasajero: un hombre pequeño, de edad avanzada, piel
pálida y pelo cano.
El
anciano caminó hacia el asiento vacío, se paró frente a ella y con los ojos le
dio dos opciones: Dejar el camino libre para el asiento vacío o moverse hacia
este. En ese momento ella empezó a
sentir nuevamente la ansiedad y el temor de comprobar que sucedía si se movía
al asiento prohibido durante años y en cuestión de segundos decidió pasarse al otro
espacio. En un par de segundos se encontró
en el lugar que daba a la ventana. El
anciano sonrió hipócritamente agradeciendo, sentándose callado y luego concentrarse
como los demás pasajeros en sus pensamientos.
No existía problema alguno, al
contrario, era satisfactorio y cómodo el lugar, el sol atravesaba el vidrio de
la ventana pegándole finalmente en casi todo el cuerpo, era una sensación
hermosa y excitante, no podía creer que le hubieran negado ese gusto.
Pasó
poco tiempo para que se empezara a sentir incomoda en el asiento. El calor aumentó hasta transformar sus
sensaciones en una desesperación permanente.
Repentinamente observó el reloj para encontrar alivio en él, pero fue todo
lo contrario, hacía falta mucho para llegar a casa y también notó una serie de
manchas rojizas en el brazo, esto la sorprendió un poco pero fueron olvidadas
rápidamente por la incomodidad del puesto que había escogido.
Los
segundos se hicieron eternos. El asiento
había pasado de incómodo a ser desagradable, especialmente por que las manchas
se hicieron más grandes cubriendo ahora casi toda la piel y tenía un escozor desesperante.
Se rascó pero en lugar de aliviarse
aumentó la terrible sensación. Odiaba su
decisión, a sus protectores muertos, a los pasajeros, al puto chofer y a todo
el mundo. Fue en ese instante que su
piel empezó a rajarse completamente, sentía como se rompía la piel dejando expuesto
el músculo, deseaba moverse pero le era imposible hacerlo.
Cuando
su problema era ya evidente el anciano giró la cabeza hacia ella y contemplo
con horror aquella transformación tan sorpresiva en la piel, se paró rápidamente
señalándola e inició a gritar a toda voz:
--¡Es
una de Ellos!, ¡Es una de Ellos!—
En
ese momento no pudo tolerar más su increíble metamorfosis e intentó mover su
brazo para gritar al mismo tiempo que el anciano, pero solo pudo ver con pavor
como sus brazos y piernas en el intento se desmoronaban como polvo, seguido de
su abdomen, pecho y finalmente su rostro.
El
anciano pálido continuó gritando desesperadamente, señalando un asiento vacío
en donde solo quedó un conjunto de ropa de mujer joven y una gran cantidad de
polvo.
publicado en Te Prometo Anarquía
imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgNFfTCW0vTK4zrlOXapRNatmGtiLrz8d4s_fshZooLnxohADEoUyESURrrMaSEPxql4Ef5HcaswvXv4uIv_UOLIlXkAP2KHpQ10YMC7nOHof1OEXokYLHsGlqIKWqpAIxUVNVp6831S4Y/s1600/web_bus_1234.jp
publicado en Te Prometo Anarquía
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